Después de haber acampado junto a ríos sin personas a varios metros o kilómetros a la redonda, acampar en la Aldea y despertar rodeado de pequeñas cabañas me hizo sentir como cuando acampaba en el jardín de mi casa. Tenía un baño cerca y un desayuno buffet esperando. Tomé un baño bien merecido, me acerqué al río que pasa frente al terreno de la Aldea y fui a desayunar.
Despertarse temprano tiene varias ventajas, como el tener todo empacado y listo para pasar por Edgar y aprovechar bien el día. Llegando a su hotel que se encontraba al pie de carretera me dijo que no me iba a acompañar pues había decidido saltar las cascadas de Micos para después visitar Puente de Dios. Ya solo de nuevo decidí seguir mi camino hasta las cascadas de Tamasopo que se encuentras pegadas a la carretera y son de muy fácil acceso.
Fui la primer persona en llegar al lugar cerca de las 10 de la mañana, claro que era un día entre semana y había pocos turistas en todas partes. Poco tiempo después se sumaron al lugar dos grupos pequeños, uno de ellos eran las personas que había visto después de mi primer noche en la cascada del Chuveje.
Las cascadas son espectaculares, por separado o en conjunto; al fondo del lugar se encuentra lo que queda de una construcción que muy probablemente fue un molino y que hoy en día se encuentra en ruinas. El lugar es muy bonito pero está construido todo lo que no es agua, cuenta con más de 4 lugares distintos para comer, baños y espacios para descansar. Lo mejor es llegar antes que todos los bañistas para apreciar lo que aún queda de naturaleza que son las cascadas y sus pequeñas pozas.
Poco antes de medio día subí de nuevo al que ahora era mi auto de confianza para seguir mi camino a Puente de Dios.
Puente de Dios se encuentra cerca de las cascadas de Tamasopo por una carretera secundaria bien señalizada. Llegar ahí fue fácil, pero bajar las escaleras que te llevan a la poza fue pesado, durante el trayecto sólo pensaba en el cansancio que sería subirlas, me daban ganas de quedarme a vivir allá abajo. Ya era tarde pero Puente de Dios estaba bastante vacío y solo había menos de una docena de personas rondando por ahí. A diferencia de las otras veces que había estado de visita esta vez ya tenían un lugar donde podías dejar tus cosas encargadas para poderte meter al agua, ahí dejé mi cámara y mi ropa seca. También hay salvavidas para los que no saben nadar y para obligarte a colocar un chaleco de seguridad. Por suerte la falta de gente permitió que el salvavidas me prestara su chaleco que era más cómodo que los que rentaban.
Saltar a las aguas azules de la poza de Puente de Dios fue increíble, el agua no estaba fría como en las cascadas de Micos y la corriente de dejaba nadar de un lado a otro por debajo del agua que cae desde diferentes alturas. Flotar boca arriba es de las cosas más relajantes que uno puede hacer estando en Puente de Dios y dejarse llevar por la corriente hasta salir al río del otro lado de la poza.
Una vez seco y arriba en el estacionamiento de Puente de Dios tomé rumbo a las Cascadas de Tamul, pues esperaba poder llegar con buen tiempo a la cascada y remar río arriba. Para mi mala suerte el camino fue mucho más largo de lo que había previsto y debido a que nunca tenía suficiente batería usar Google Maps no era algo muy conveniente.
Ya que estaba encaminado pasé casi sin parar por La Morena (el pueblo de donde salen las barcas) y seguí mi camino rumbo a Aquismon, poco antes de llegar me desvié al Sotano de las Golondrinas. Obviamente mientras manejaba cuesta arriba me distraje y me perdí dos veces. Por suerte llegué a la caseta de entrada con suficiente tiempo para bajar. Desde antes de bajar ya sabía que se podía acampar en la parte de abajo pero decidí por alguna razón fuera de mi conocimiento solo bajar con mi mochila chica que traía la cámara y una sudadera.
El sótano es increíble, en especial ver como se juntan todos los pájaros esperando que sea buen momento para entrar a dormir. La cámara no sirve de mucho en esos momentos pero el espectáculo se queda grabado en la memoria por mucho tiempo. Una vez que no quedaban vencejos (las aves que viven en el Sótano de las Golondrinas) volando cerca de la entrada decidí comenzar mi camino de subida. Ese camino de subida era solo para pasar por mi mochila y poder volver a bajar de nuevo, pues me decían que una cosas es la entrada y otra la salida; y las dos valía la pena ver. Bajé de nuevo cientos de escalones para poder montar mi casa de campaña y ser el primero el siguiente día.
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